¿Sabías qué...

Los zapatos de Elda se presentaban sobre sedas bordadas

Los zapateros de los años anteriores a la contienda civil (1936-1939) entregaban a sus viajantes unas pañoletas bordadas con el nombre de la empresa, la marca y el logo. Los viajantes extendían esas pañoletas sobre los mostradores o las mesas de las tiendas y, sobre ellas, colocaban las muestras para que los compradores eligieran los zapatos que compondrían el pedido. Era una buena forma de llevar a la práctica esa célebre fras "el buen paño en el arca se vende", queriendo decir que los zapatos de Elda gozaban de una merecida fama que debían mostrarlos sobre finas sedas para realzar su justificado valor por el empleo de las mejores pieles y los más atrevidos diseños del momento.

Los trabajadores de la gran fábrica de Eugenio H. Browne dejaron la empresa por trabajar en un circo

                                  Trabajadores de la empresa de Eugenio Browe en el año 1916

Eugenio H. Browne fue un empresario que adquirió algunas fábricas que  habían pertenecido a fabricantes con largo historial en la fabricación de calzados y así se llegó a disponer de seis fábricas, distribuidas entre Elda con tres industrias. Una situada en una de las naves de José Tobar; otra ubicada en el desaparecido "Salón España" y la tercera pertenecía a Tudela. En Monóvar también tenía una fábrica y dos en Petrel, para fabricar en conjunto más de 2000 pares de zapatos diarios de todas las clases y una plantilla global que superaba los 1500 trabajadores.

Un día apareció por Elda un gran circo que tenía atracciones muy variadas, desde los clásicos payasos hasta animales fieros y otros domesticados. En aquellos días de los años 20 del siglo XX, los circos eran muy visitados y siempre esperados por los niños de todas las poblaciones. En Elda pusieron un cartel de que necesitaban trabajadores para el circo y muchos zapateros y aparadoras se enrolaron en esa actividad circense y abandonaron sus fábricas (probablemente porque obtendrían mejores salarios), la cuestión es que el industrial tuvo que cerrar en Elda por falta de personal.

Sin embargo la historia continúa. Ese mismo circo se asentó en la ciudad durante un largo periodo de tiempo (mucho más que lo habitual en ese tipo de espectáculos). De la misma forma que se nutrió de trabajadores de la industria del calzado, al cabo de unas semanas la viabilidad del negocio no pudo mantener los salarios altos, los trabajadores volvieron a sus empresas de calzado, hasta que llegó el momento en que hubo incluso falta de liquidez para alimentar a los numerosos animales con los que contaba, y al final en Elda acabó por disolverse, los pocos empleados que quedaban se incorporaron también a la industria del calzado.

En el siglo XIX llegaron a Elda zapateros de Menorca aportando calidad al zapato

En el año 1897 llegaron a Elda un nutrido número de zapateros procedentes de Menorcar, fundamentalmente de las ciudades de Mahón, Ciudadela y Alaior. Estos profesionales venían buscando estabilidad ante las repetidas crisis que padecía la industria local en la islas. Eran zapateros y aparadoras que sabían realizar sus trabajos para un tipo de zapato de alta calidad, tanto en las líneas de señora como en caballero. En nuestra ciudad encontraron buena acogida, y fábricas que hacían zapatos también de alta calidad junto con otras especialidades como las se niño y cadete. Pronto se adaptaron e insuflaron una mayor calidad a los zapatos que salían de nuestras fábricas. En los años posteriores, y ante el crecimiento imparable de la industria zapateria eldense, traerían consigo a sus familias, y la comunidad menorquina y mallorquina se haría más extensa. Apellidos como Capó, Mezquida, Crespi, Camps, Bonet, Colom etc. forman parte de nuestra propia historia.

El Banco de Elda ante el empuje de la industria del calzado

El constante incremento de negocio de la industria del calzado en nuestra ciudad, dio lugar a que personas de reconocido prestigio e industriales de Elda, creasen el Banco de Elda. Una sociedad que estuvo activa desde el año de su creación, hasta el año 1959. El 25 de marzo de 1933 se firmó la escritura de constitución del Banco de Elda Sociedad Anónima con domicilio en la calle Fermín y Galán número 21 (actual calle Nueva un poco más abajo del Casino Eldense). Los impulsores y miembros del primer Consejo de Administración, eran personas muy conocidas y relacionadas con la industria, algunos profesionales con experiencia bancaria. Estaba presidido por Ángel Vera Coronel y como vicepresidente uno de los industriales más notables de la época, Francisco Vera Santos. Entre los miembros del consejo habían conocidos fabricantes de calzado e industrias afines como: Emérito Maestre Pérez, Juan José Aguado Aravid, Francisco Rivas Rubio, Manuel González Vera, José Antonio Cárdenas Varela, Santiago García Bernabéu, Francisco Amat Busquier, José Gerónimo Guill, también se integrarían los industriales Rodolfo Guarinos Vera y José Martínez González, en sustitución de los dos que hemos nombrado en último lugar y que solicitaron su sustitución de forma voluntaria, y como consejero secretario, Tomás Guarinos Maestre, procurador de los tribunales y profesional que asesoraba a gran número de industriales del calzado de la zona.

Los calzados más antiguos del museo llegaron en 1996

 

Un industrial eldense, Vicente Arellano, nos trajo un magnífico regalo que adquirió en un anticuario en la India. Se trata de dos pares de plataformas de madera grabadas que procedían de Afganistán y que están datadas entre los siglos I a. C. y I d. C., por lo tanto tienen una antigüedad de 2000 años. La puedes encontrar en la sección de "Calzado autóctono" ¡Merece la pena!